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Los Zapatos de Luis Reyes

Por José Manuel Ortiz Benitez

Hasta los 7 años de edad, Luis Reyes andaba chuña entre las malezas de su cantón, allá por las faldas del volcán de Conchagua, cerca del caserío El Tamarindo, en La Unión, al oriente de El Salvador.

Lo recuerdo muy bien, eran tiempos difíciles, dice Don Luis, con una mezcla de naturalidad y tristeza.

Unos nacen en la miseria relativa y otros nacen en la miseria más absoluta, dice el Sr. Reyes, sin sentido de pena o culpabilidad. A mí me tocó la última, sigue Luis, con la dignidad saliéndosele por los ojos.

Ahí nací yo dice Luis, en esa tierra estrecha, dura y pobre, entre la maleza, el subdesarrollo y la podredumbre.

Yo me puse un par de zapatos a los 7 años de edad. "Los tengo bien presentes" dice, entre sonrisas, “eran unas botitas con cintas”, muy bonitas. Era feliz con mis zapatos dice el hombre, ahora con 49 años de edad, con una lágrima atravesándole la garganta.

La niñez de Luis Reyes fue trágica. Antes de cumplir los 10 días de edad, la vida del niño pobre de San Alejo da un giro fatal, su padre muere y el único sustento familiar, hasta ese momento, también se desvanece.

Técnicamente, la vida de Luis no tenía ninguna oportunidad. Un padre muerto, una madre desesperada, un ambiente empobrecedor, un niño sin luz, una atadura permanente dentro de la extrema pobreza. No había por donde, para Luis no había ninguna ventana de escape fuera del mundo de las miserias.

Sin embargo, algo cambiaría la suerte de aquel niño barrigón y “lombrisoso” del cantón El Tamarindo, al lado del monte de Conchagua.

Después de rebuscarse en el campo, en el mar, en la calle, donde fuera, a los 15 años de edad, Luis metió sus cosas dentro de una bolsa de plástico, se la enganchó al porta-cincho del pantalón y se fue en busca de la felicidad hacia los Estados Unidos.

De aquí en adelante, la eterna historia salvadoreña se repite. Luis, Juan, Pedro, Julián, Alcides, todos llegan a lavar platos, con toda la dignidad y la gallardía que tienen muchos salvadoreños.

A Luis le pasó de todo, pero al final le fue bien.

La semana pasada, en la Embajada Salvadoreña en Washington, el Embajador de El Salvador, Francisco Altshul, junto a Congresistas y la comunidad salvadoreña de EE.UU, se puso en pie después de que Luis Reyes, aquel niño chuña de El Tamarindo, dijera “Uno de mis recuerdos más importantes de mi niñez fue cuando, a los siete años de edad, me compré mi primer par de zapatos.”

Entre los millones de imágenes almacenadas en el interior del cerebro durante 48 años, Luis Reyes recuerda su primer par de zapatos como lo más importante de su niñez.

El lunes 21 de noviembre de 2011, Luis Reyes fue homenajeado con el título Salvadoreño Distinguido por el gobierno de El Salvador, junto al congresista de Estados Unidos, James McGovern, por su trayectoria empresarial y por su apoyo a la comunidad salvadoreña en Washington.

Otros artículos de este autor Aquí -Jose Manuel Ortiz Benitez es columnista salvadoreña.
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1 comment :

  1. A mi amigo y hermano lejano luis reyes un saludo.

    A cuanto a sus zapatos se los dejamos bien chainiados.

    Firma:
    Lustrador del mercado
    el sagrado corazon
    centro de san salvador

    ReplyDelete

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